Una mezcla de monólogos e improshow para reírnos de eso que nos pasa a todos, pero que preferimos no contar en las reuniones familiares.
En escena, dos personas que no deberían entenderse:
un casado (agotado) y una divorciada (con experiencia).
Dos estados civiles distintos, los mismos problemas de siempre.
Rutina, discusiones absurdas, decisiones cuestionables, drama innecesario y silencios incómodos que duran años. Todo eso que duele… pero contado bien, da risa. Mucha risa.
Nada está completamente escrito, porque como la vida, este show improvisa, se equivoca, exagera y vuelve a empezar. El público no solo mira: se reconoce.
Criados para contar no da lecciones, no promete finales felices y no arregla relaciones.
Solo hace lo que mejor sabe hacer: reírse del desastre.